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Proyecto para revivir la lengua indoeuropea en la Unión Europea

17/4/2006
Proyecto de Fundación de Dnghu Europaio: Una lengua para la Unión Europea

Problemas de la UE

Diagrama de Causa y Efecto


Algunos de los problemas derivados de la falta de una sola lengua nacional para la UE pueden verse en el anterior diagrama de causa-efecto o diagrama de espina de pez. Esta situación ineficiente, señalada ya desde hace tiempo, no tenía, hasta hace poco, solución estable alguna.

La aparición del idioma europeo moderno hace posible, con una adecuada planificación y política lingüísticas, acabar con muchos de estos problemas y abrir un nuevo horizonte para la integración y colaboración entre ciudadanos y regiones de la UE.

Desde los mismos comienzos de la CEE, los tres idiomas principales (working languages), inglés, francés y alemán han sido usados para todas las comunicaciones, mientras el inglés era extraoficialmente la lingua franca utilizada por todos en las comunicaciones más directas. Este modelo, sin duda el más lógico y sencillo en los inicios de las Comunidades Europeas, ha devenido obsoleto con el paso del tiempo, al verse incrementado el número de idiomas, y al crecer al mismo tiempo las demandas, incluso entre los idiomas regionales o co-oficiales, de mayor presencia en las instituciones de la Unión.

Hoy en día parece que toda esperanza de lograr un sistema como el de los Estados Unidos de América - donde el bilingüismo se convierte cada día más en la norma, mientras el inglés sigue siendo el único idioma oficial para la Federación - está descartado: mientras que la historia de los EUA ha permitido que el inglés se haya impuesto a cualquier otro idioma en cada de una de las votaciones de los distintos Estados Federales respecto de sus lenguas oficiales  - aunque también hay co-oficialidad en determinados Estados, como con el español en Nuevo México o con el francés en Louisiana -, en Europa la Unión no se fundamenta en unas colonias originarias de habla inglesa; por el contrario, la única razón por la que se habla inglés como la lengua franca europea es la condición preeminente de Estados Unidos en el contexto internacional desde la creación de la CECA hasta hoy en día.

La elección del inglés como única lengua oficial, para una futura Unión Europea basada en el (con)federalismo, está sin duda descartada; países como Alemania o Francia - y posiblemente España, Italia o Polonia -, entre otros, no lo aceptarían, pues supondría abandonar unos legítimos derechos lingüísticos en favor de otros Estados, sin que medie justificación suficiente en importancia poblacional, política o económica. La existencia de una Nación con al menos 25 lenguas oficiales donde ninguna es superior a la otra es una bonita idea, y a la vez una utopía. En la situación actual, 21 idiomas (y cuatro al menos por venir) son oficiales, algunos semi-oficiales (como vascuence o gallego), 3 de ellos working languages - es decir, oficiosamente más importantes que el resto -, y una sirve (extraoficialmente) para la comunicación general, el inglés. sta no parece la mejor de las soluciones: carece del espíritu europeo necesario para una correcta integración de los distintos países en una nación común, además de ser una solución a todas luces ineficiente, como se resume en el diagrama de causa-efecto.

Hasta hoy se habían propuesto distintas soluciones pretendidamente intermedias, como la adopción del esperanto o del latín, lenguas cuya mayor ventaja consiste en no ser ninguno de los idiomas actuales de la UE y, por lo tanto, en que no existen en teoría barreras culturales para su aceptación. El latín ha sido la lingua franca europea durante siglos (hasta ser sustituido en el s. XVIII por el francés), mientras que el esperanto nació con vocación internacional y con el objetivo de ser fácil de aprender. Sin embargo, el hecho de que ambas sean claras lenguas francas no vivas (inventada el esperanto, muerta el latín) y su incapacidad para convertirse en lenguas nacionales (por artificial el esperanto, por ser madre sólo de las lenguas romances el latín) ha provocado la indeferencia de la mayoría de los europeos ante estas propuestas, aceptando así el deficiente statu quo lingüístico antes de cambiarlo por otros de dudoso éxito.


La lengua de Israel es el hebreo moderno: no es su único idioma, muchos viejos israelíes todavía hoy conocen mejor sus antiguas lenguas, como el judeo-español o el yiddish (judeo-alemán), que el hebreo moderno, y desde luego que no es un idioma muy práctico desde un punto de vista internacional; sin embargo, el Estado de Israel necesitaba un idioma, y aunque ellos también tuvieron la posibilidad de elegir otras linguae francae a principios de siglo, bien internacionales (como el francés, el inglés o el turco), bien antiguas (latín o, su equivalente para los hebreos, el arameo) o incluso artificiales (como el volapük o el recién surgido esperanto), optaron, sin embargo, por la lengua histórica de Israel, el hebreo, una lengua muerta 2.500 años atrás - tras la caída de Jerusalén ante los babilonios de Nabucodonosor II -, y cuyos textos oralmente transmitidos se remontan a más de 500 años antes. Sólo podía, por tanto, reconstruirse con limitada exactitud, y en un principio la oposición a la lengua era mayoritaria, principalmente por motivos religiosos; pero, en la práctica, era un idioma que aunaba tradición y facilidad de aprendizaje, pues la mayoría de los judíos aprendía (y aún hoy aprenden) los textos sagrados en hebreo antiguo, de la misma forma en que en muchos países europeos aún hoy se estudian el latín o el griego clásico.  

Europa se enfrenta hoy a una decisión semejante. No es que haya que defender una mayor integración europea; puede que esto sea todo lo lejos que se pueda llegar en nuestra unión de países,  una comunidad supranacional sin más. Pero si de verdad se quiere llegar, como parece, a una Confederación (como Suiza) o incluso un Estado Federal, la única solución lingüística (no utópica) que aúna tradición y facilidad de aprendizaje  es la lengua europea, pues es la abuela de casi todas nuestras lenguas. El europaio está, al mismo tiempo, falto de connotación regional - que pudiera herir el orgullo nacional de los demás -, y lleno de significación europea (o indoeuropea del norte) común.



Europaio: Una lengua nacional para la Unión Europea

La teoría de juegos es un área de la matemática aplicada que utiliza modelos para estudiar interacciones en estructuras formalizadas de incentivos (los llamados juegos). En ella se estudian las estrategias óptimas así como el comportamiento previsto y observado de individuos en juegos; se estudia, en definitiva, la elección de la conducta óptima cuando los costes y los beneficios de cada opción no están fijados de antemano, sino que dependen de las elecciones de otros individuos.

En la imagen se presenta la política lingüística de la UE como un juego (en forma extensa), con un árbol de decisión, donde cada vértice o nodo representa un punto donde el jugador toma decisiones. El jugador se especifica por un número situado junto al vértice. Las líneas que parten del vértice representan acciones posibles para el jugador. Las recompensas se especifican en las terminaciones de las ramas del árbol.

En este juego simplificado en particular hay 2 jugadores. El jugador 1, que representa a cualquier comunidad lingüística de la UE, mueve primero y elige entre dos opciones; una, (E) Egoísta, consiste en favorecer la lengua propia, y la otra, (R), consiste en Renunciar a su lengua en favor de otra opción. El jugador 2, que representa otra comunidad lingüística cualquiera dentro de la UE, ve el movimiento del jugador 1 y elige a su vez E o R. Por ejemplo, si el jugador 1 elige E y entonces el jugador 2 elige R, el jugador 2 obtiene 2 puntos y el jugador 1 obtiene 5 puntos; si escoge la opción E, ambos obtienen 3 puntos cada uno. El beneficio de poder hablar la propia lengua con mejor estatus que la de los demás es de 5, y lo contrario se valora en 2, mientras hablar ambas lenguas al mismo nivel se valora en 3.

Este juego es - de una forma muy simplista - el que se realiza en el seno de la UE constantemente por parte de las distintas comunidades lingüísticas (inglesa por Inglaterra e Irlanda, alemana por Alemania y Austria principalmente, francesa por Francia y Bélgica, etc.).


Juego esquemtico sin europaio

El equilibrio logrado en el juego es siempre el mismo, pues cualquier par de jugadores tiene en la opción Egoísta la mejor de las decisiones. El jugador 1, que da el primer paso (pongamos que decide primero porque es una comunidad lingüística importante, como la inglesa, o mayoritaria, como la alemana) obtiene 5 ó 3 puntos si es Egoísta, pero 3 ó 2 puntos si Renuncia a sus derechos lingüísticos. La primera opción (subrayada) es mejor en cualquiera de las situaciones posteriores posibles. Para el segundo jugador, el beneficio de ser Egoísta es de 3 ó 5, mientras que Renunciar a sus derechos le reportaría 2 ó 3 puntos. De nuevo, la opción Egoísta es la mejor.

Es obvio, sin embargo, que el resultado (3,3) es ineficiente para el conjunto de la UE, que se beneficiaría del sacrificio de ciertas comunidades lingüísticas para obtener una situación mejor, a pesar de que ellas mismas no estén dispuestas a ceder. De ahí que sea éste un equilibrio inestable, donde todos tienen interés en cambiar su situación, en unas negociaciones donde la UE busca siempre obtener la puntuación máxima de este esquema, de 7 puntos, con el menor número de lenguas posible (en la realidad las UE se aferra al inglés, la lingua franca actual, mientras alemán y francés son también lenguas de trabajo), mientras que todas las comunidades tienen un incentivo en seguir siendo egoístas para ser, en un caso hipotético, aquellos que disfruten del máximo de 5 puntos.

Tras la introducción del europeo moderno (un indoeuropeo sistematizado), la opción en la que ambos jugadores renuncian a sus derechos lingüísticos cambia, pero el resultado del juego (al menos en teoría), paradójicamente, no.

 
Juego esquemtico con europaio


El resultado de ser Egoísta para ambos jugadores es de 3 ó 5 puntos, mientras que el de Renunciar es de 2 ó 5 puntos. Por tanto, incluso tras la introducción del europeo como alternativa, la decisión que seguirán tomando (al menos en un principio) todas las comunidades lingüísticas, es la Egoísta.

La situación es, sin embargo, completamente distinta a la anterior, ya que el equilibrio buscado ahora por la UE será aquel que le reportaría el máximo beneficio, 10; una vez logrado este equilibrio, ningún jugador tendría incentivos para tomar otra decisión, pues su situación no mejoraría al hacerlo. El juego tiene, por tanto, un único equilibrio de Nash, Pareto óptimo, y los jugadores (que son, en general, racionales) escogerán las estrategias que conforman dicho equilibrio.


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