El aniversario del otoño alemán abre un debate sobre la lucha del Estado contra la banda Baader-Meinhof en los años setenta

September 17, 2007 – 11:22 am

El 30º aniversario del llamado otoño alemán, las seis semanas del año 1977 transcurridas entre el secuestro del patrón de los patronos Hanns-Martin Schleyer y su asesinato, ha desencadenado en Alemania una avalancha de publicaciones, reportajes evocadores en televisión, declaraciones de và­ctimas y de ex terroristas.

Tres décadas después de los hechos terroristas más sangrientos de la Fracción del Ejército Rojo (RAF, en sus siglas en alemán), el grupo o banda Baader-Meinhof, todavà­a salen a relucir detalles hasta ahora desconocidos. Se debaten cuestiones tan importantes como qué ocurrió la noche del suicidio colectivo en la cárcel de Stammheim, en las afueras de Stuttgart, o quiénes fueron los autores materiales de los disparos en la nuca que acabaron con la vida de Schleyer. La coincidencia de este 30º aniversario con la reciente amenaza de un grupo islamista en Alemania plantea también la discusión sobre los paralelismos entre el actual terrorismo y el de los años setenta.

La descomposición del movimiento estudiantil de 1968 provocó en Alemania una estampida en múltiples direcciones. Nacieron un sinfà­n de grupos más o menos marxista-leninistas, una auténtica sopa de letras de sectas, a cual más revolucionaria, con el común denominador de la K de comunistas en sus siglas. Otros iniciaron una larga marcha a través de las instituciones, fundaron un nuevo partido, Los Verdes, basado en la defensa de la ecologà­a y del pacifismo, con un éxito notable: llegaron incluso al poder en toda Alemania y en varios Estados federados. Los más desesperados agarraron la metralleta y declararon una guerra suicida a un Estado al que calificaban de fascista y continuador del nazismo. Esto sucedà­a cuando, por primera vez en la Alemania de la posguerra, la socialdemocracia habà­a llegado al poder y el canciller Willy Brandt lanzaba un programa con el eslogan: “Vamos a intentar más democracia”.

Esto no provocó ninguna impresión en los que iniciaron el camino del terrorismo en la autodenominada Fracción del Ejército Rojo (RAF), formada por unas docenas de hijos de la burguesà­a que consideraban a sus padres culpables de haber colaborado con el nazismo y a Alemania también responsable de los crà­menes de EE UU en la guerra de Vietnam.

Ya en abril de 1968 se realizó la primera acción terrorista en la que participaron Andreas Baader, un joven que en Berlà­n Oeste se movà­a entre la delincuencia y la lucha polà­tica, y Gudrun Ensslin, una hija de pastor protestante radicalizada al máximo. Junto con otros dos camaradas incendiaron una noche unos grandes almacenes en Francfort para llamar la atención sobre los bombardeos en Vietnam. En un principio se trataba de realizar violencia contra las cosas sin dañar a las personas, pero esto duró poco. Pronto cayeron los primeros policà­as, algunos terroristas y también và­ctimas inocentes. La espiral de la violencia siguió con asaltos a bancos, liberación violenta de presos, secuestros y atentados con bombas. La periodista Ulrike Meinhof, redactora jefe de la revista de izquierdas de Hamburgo Konkret, pasó a la clandestinidad al sumarse a la RAF, a la que le dio un cierto toque intelectual.

Uno tras otro, la primera generación terrorista acabó en la cárcel, desde donde iniciaron con éxito una campaña de agitación contra las torturas de la prisión con huelgas de hambre que en ocasiones llegaron hasta la muerte. Ahora se ha sabido que la dinámica de grupo dentro de Stammheim, donde estaban los cabecillas de la RAF, era un infierno. Baader y Ensslin aterrorizaban a Meinhof, a la que lo más suave que llamaban era “cerda burguesa”. Tras una de sus múltiples discusiones, el 9 de mayo de 1976 Meinhof se ahorcó en su celda. Los simpatizantes interpretaron su muerte como una muestra más del terrorismo de Estado. El ex là­der de Mayo del 68 en Parà­s y hoy eurodiputado de Los Verdes, Daniel Cohn-Bendit, definió estos dà­as a Baader, en uno de los programas de la televisión alemana, como “un tonto del culo arrogante”. Relató Cohn-Bendit, que hizo de traductor en la conferencia de prensa, que cuando el filósofo francés Jean-Paul Sartre visitó a los presos en Stammheim le dijo: “Ese Baader es un idiota”.

Los terroristas de la RAF no lo veà­an asà­ y lo consideraban como un revolucionario al que habà­a que sacar de la cárcel. La segunda generación de la RAF dedicó todos sus esfuerzos a esta tarea. El secuestro de Schleyer, antiguo miembro de las SS hitlerianas, máximo ejecutivo de la Mercedes Benz y jefe de la patronal alemana, tenà­a como objetivo liberar a los presos. El canciller federal socialdemócrata Helmut Schmidt creó un gabinete de crisis al que incorporó a la oposición democristiana. Se ha sabido estos dà­as que a la propuesta de Schmidt de buscar soluciones imaginativas para conseguir la liberación de Schleyer, el entonces là­der de los socialcristianos de Baviera, Franz Josef Strauss, propuso fusilar de uno en uno a los terroristas de la RAF presos hasta que dejaran libre al secuestrado.

Para dar más fuerza a su chantaje a un Gobierno que no estaba dispuesto a ceder, la RAF pidió ayuda al Frente Popular para la Liberación de Palestina, que ofreció secuestrar un avión. Asà­ lo hicieron con un avión de Lufthansa con 86 turistas que volaba entre Palma de Mallorca y Francfort. Tras un vuelo enloquecido con escalas en Roma, Chipre, Dubai y Aden, aterrizaron en Mogadiscio, la capital de Somalia. Con el permiso del dictador somalà­ Siad Barre, la unidad antiterrorista alemana GSG 9 asaltó el avión. En cinco minutos quedaron liberados los 86 rehenes con sólo dos o tres heridos leves. Tres de los terroristas palestinos, dos hombres y una mujer, murieron, y una cuarta quedó malherida.

Al tener noticia aquella misma noche en la cárcel de Stammheim del fracaso del secuestro, Baader y Jan Carl Raspe se suicidaron en la celda con pistolas que habà­an introducido escondidas algunos de sus abogados. Ensslin se ahorcó con un cable de la radio. Una cuarta terrorista, Irmgard Möller, sobrevivió a varias puñaladas que se propinó cerca de su corazón. La noticia del suicidio llegó a Bagdad, donde se encontraban los cabecillas de la segunda generación de la RAF. Enviaron un télex a Bruselas, donde se encontraban otros del grupo con Schleyer, con el texto: “Tenemos que llevar el negocio hasta el final. El último envà­o estaba podrido”. La respuesta fue un simple: “OK”. Un dà­a después, la RAF comunicó: “Hemos puesto fin a la siniestra existencia de Hanns-Martin Schleyer”, e indicaban que se podà­a encontrar el cuerpo en el maletero de un Audi en Mulhouse, cerca de la frontera entre Francia y Alemania. El ex canciller Schmidt recuerda aquellos dà­as como parte de “una tragedia griega” y evoca su malestar en el funeral de Schleyer, sentado al lado de su viuda. Schmidt se siente en parte responsable de haber sacrificado al empresario por la razón de Estado.

La muerte de los cabecillas de la RAF dio de nuevo alas al terrorismo, que lanzó la versión admitida por muchos de que a Baader, Ensslin y Raspe los asesinaron en sus celdas. Esto nunca pudo confirmarse, y no hay ninguna prueba de que no se suicidaran.

No obstante, las investigaciones más recientes para dos documentales de hora y media de la primera cadena de la televisión alemana (ARD) realizada por Stefan Aust, director de Der Spiegel y tal vez el mejor conocedor de la RAF en Alemania, presentan una hipótesis bastante sólida de lo ocurrido aquella noche en la cárcel de Stammheim. No existe una prueba definitiva, pero todo parece indicar que los servicios secretos escucharon aquella noche las conversaciones de los presos y los preparativos para el suicidio sin intervenir para impedirlo. El entonces jefe de la policà­a federal criminal, Horst Herold, uno de los pilares de la lucha antiterrorista, a sus 83 años, pide que se cree una comisión parlamentaria que investigue si el Estado sabà­a de la intención de los terroristas de suicidarse y no quiso impedirlo. “Sólo puedo esperar que no haya ocurrido semejante monstruosidad”, advierte Herold. [El Paà­s]

  1. One Response to “El aniversario del otoño alemán abre un debate sobre la lucha del Estado contra la banda Baader-Meinhof en los años setenta”

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    By Lorretta Chuong on Dec 26, 2011

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